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Iberos

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Iberos
Jinete desmontado de su caballo - Ángel M. Felicísimo.jpg
Jinete desmontado lanceando a su enemigo,
escultura ibera del siglo V a.C., Porcuna, Jaén
Información
Raíz étnica Preindoeuropeo
 Iberos
Idioma Idioma ibero
Escritura ibérica (NE. y SE.)
Región Este y sur de la península ibérica y parte del sur de Francia
Correspondencia actual España, Portugal, Andorra y Francia
Pueblos relacionados Véase: Categoría:Íberos
Los íberos ocuparían el Levante y sur de la península ibérica (en verde y amarillo).

Los iberos[1]​ o íberos fue como llamaron los antiguos escritores griegos a la gente del levante y sur de la península ibérica para distinguirlos de los pueblos del interior, cuya cultura y costumbres eran diferentes. De estos pueblos destacaron Hecateo de Mileto, Heródoto, Estrabón o Rufo Festo Avieno, citándolos con estos nombres, al menos desde el siglo VI a. C.: elisices, sordones, ceretanos, airenosinos, andosinos, bergistanos, ausetanos, indigetes, castelanos, lacetanos, layetanos, cossetanos, ilergetas, iacetanos, suessetanos, sedetanos, ilercavones, edetanos, contestanos, oretanos, bastetanos y turdetanos.

Geográficamente, Estrabón y Apiano denominaron Iberia al territorio de la península ibérica.

Historia

Vista del poblado de San Cristóbal, en Mazaleón (Teruel).

Aunque las fuentes clásicas no siempre coinciden en los límites geográficos precisos ni en la enumeración de pueblos concretos, parece que la lengua es el criterio fundamental que los identificaba como iberos desde el punto de vista de griegos y romanos, puesto que las inscripciones en lengua ibérica aparecen a grandes rasgos en el territorio que las fuentes clásicas asignan a los iberos: la zona costera que va desde el sur del Languedoc-Rosellón hasta Alicante, que penetra hacia el interior por el valle del Ebro, por el valle del Segura, gran parte de La Mancha meridional y oriental hasta el río Guadiana y por el valle alto del Guadalquivir.

Desde el punto de vista arqueológico actual, el concepto de cultura ibérica no es un patrón que se repite de forma uniforme en cada uno de los pueblos identificados como iberos, sino la suma de las culturas individuales que a menudo presentan rasgos similares, pero que se diferencian claramente de otros y que a veces comparten con pueblos no identificados como iberos.

Referencias históricas

La primera referencia que se tiene de los iberos es a través de los historiadores y geógrafos griegos. Curiosamente, los griegos también llamaban iberos a un pueblo de la actual Georgia, conocido como Iberia caucásica, de donde descienden los Íberos de Hispania y Portugal. Al principio, los griegos utilizaron la palabra ibero para designar el litoral mediterráneo occidental, y posteriormente, para designar a todas las tribus de la península. También llamaban Iberia al conjunto de sus pueblos.

Pebetero contestano hallado en la necrópolis de Lucentum (o Akra Leuké), conjunto arqueológico del Tossal de Manises (provincia de Alicante). Actualmente en el Museo Arqueológico de Alicante.

Polibio fue un historiador griego del siglo II a. C. que vivió un tiempo en la península. Polibio dice textualmente:

Se llama Iberia a la parte que cae sobre Nuestro Mar (Mediterráneo), a partir de las columnas de Heracles. Mas la parte que cae hacia el Gran Mar o Mar Exterior (Atlántico), no tiene nombre común a toda ella, a causa de haber sido reconocida recientemente. Polibio

Las primeras descripciones de la costa ibera mediterránea provienen de Avieno en su Ora maritima, del viaje de un marino de Massalia mil años antes (530 a. C.):

La mayor parte de los autores refieren que los iberos se llaman así justo por este río,[2]​ pero no por aquel río que baña a los revoltosos vascones. Pues a toda la zona de este pueblo que se encuentra junto a tal río, en dirección occidente, se la denomina Iberia. Sin embargo el área oriental abarca a tartesios y cilbicenos.
Avieno, Ora maritima.

Apiano habla de pueblos y ciudades, aunque ya habían desaparecido en su época. También describe la parte más occidental de Andalucía. Estrabón hace una descripción de esta zona basándose en autores anteriores, y se refiere a las ciudades de la Turdetania, como descendientes de la cultura de Tartessos. En general, autores como Plinio el Viejo y otros historiadores latinos se limitan a hablar de pasada sobre estos pueblos como antecedentes de la Hispania romana.

Para estudiar a los iberos, se ha recurrido, además de a las fuentes literarias, a las fuentes epigráficas, numismáticas, y arqueológicas.

Origen de los iberos

A pesar de que estos pueblos compartían ciertas características comunes, no eran un grupo étnico homogéneo ya que divergían en muchos aspectos. No se sabe detalladamente el origen de los iberos, aunque hay varias teorías que intentan establecerlo:

  • Una hipótesis sugiere que llegaron a la península ibérica en el periodo Neolítico, y su llegada se data desde el quinto milenio antes de Cristo al tercer milenio antes de Cristo. La mayoría de los estudiosos que adoptan esta teoría se apoyan en evidencias arqueológicas, antropológicas y genéticas estimando que los iberos procedían de las regiones mediterráneas situadas más al este.
  • Otros estudiosos han sugerido que pueden tener su origen en el norte de África. Los iberos inicialmente se habrían asentado a lo largo de la costa oriental de España y, posiblemente, más adelante se propagaron por parte de la península ibérica.
  • Otra hipótesis alternativa afirma que formaban parte de los habitantes originales de Europa occidental y los creadores/herederos de la gran cultura megalítica que surge en toda esta zona, una teoría que los estudios genéticos ha descartado, por cuanto el perfil genético de los linajes paternos entre los iberos es solo estepario (R1b) no hay trazas de ninguno de los linajes paternos de tiempos del Neolítico o anteriores a la llegada de los descendientes de las estepas que llagan a la península hacia el 2500 a. C. Los iberos serían algo similares a las poblaciones celtas del primer milenio antes de Cristo de Irlanda, Gran Bretaña y Francia, aunque estas presentan otros linajes paternos paleoeuropeos que no vemos aún entre los iberos. El perfil genético paterno de los iberos es casi el mismo que el de los vascos de entonces, y algo diferente al de los celtíberos. Posteriormente, los celtas cruzarían los Pirineos en dos grandes migraciones: en el IX y el VII siglo a. C. Los celtas se establecieron en su mayor parte al norte del río Duero y el río Ebro, donde se mezclaron con los iberos para conformar el grupo llamado celtíbero.
  • La hipótesis más verosímil que actualmente siguen los principales iberólogos es la de un origen en la Cultura de los Campos de Urnas (portadores también de linaje paterno estepario). Esta hipótesis considera que el parentesco entre las lenguas ibérica, vasca y aquitana debería traducirse en términos históricos y culturales en algún factor común que justificaría la expansión de esta familia lingüística en una amplio territorio en pocos siglos. Así pues, se postula que esta familia de lenguas procedería de una capa demográficamente invasiva que formaría parte de la cultura de Campos de Urnas, puesto que en la península ibérica el área de difusión de esta cultura coincide básicamente con el territorio de difusión de la lengua ibérica, además de la costumbre de cremar a los difuntos y guardar sus cenizas y restos de huesos quemados en urnas.[3]

Origen y extensión de los protoíberos

Los supuestos límites máximos de la expansión íbera habrían llegado desde el Mediodía francés hasta el Algarve portugués y el norte de la costa africana.[4]

Sin embargo, con posterioridad, los pueblos celtíberos ejercieron influencia sobre otros pueblos del interior de la península. Esta influencia se aprecia en la llegada del torno de alfarero a muchas zonas de la meseta norte de la península, sobre todo a los pueblos limítrofes del valle del Ebro, e incluso a algunos más alejados como arévacos, pelendones o vacceos.

Los iberos fueron, en definitiva, los diferentes pueblos que evolucionan desde diferentes culturas precedentes hacia una serie de estructuras proto-estatales, viéndose ayudados en dicha evolución por la influencia de fenicios, primero, y luego de griegos y púnicos, que traerán consigo elementos de lujo que ayudarán, como bienes de prestigio, a la diferenciación interna de los diversos grupos sociales.

Lengua

La lengua ibérica en el contexto de las lenguas paleohispánicas.

La lengua ibera es una lengua paleohispánica que está documentada por escrito, fundamentalmente, en signario ibero nororiental (o levantino) y ocasionalmente en signario ibero suroriental (o meridional) y en alfabeto greco-ibérico. Las inscripciones más antiguas de esta lengua se datan a finales del siglo V a. C. y las más modernas (ánforas halladas en Vieille-Toulouse, Haute-Garonne)[5]​hacia la primera mitad del siglo II d. C.

Los textos en lengua ibera se saben leer razonablemente bien, gracias al desciframiento del alfabeto por Gómez-Moreno pero en su mayor parte son incomprensibles, puesto que la lengua íbera es una lengua sin parientes suficientemente cercanos de su época que sean comprensibles, para haber sido útil para la traducción de textos.

Después de los años transcurridos desde el desciframiento se han producido una serie de lentos avances que, aun siendo poco espectaculares, permiten ya un atisbo de comprensión de inscripciones de poca extensión (principalmente funerarias o de propiedad sobre instrumentum), además de intuir algunas características gramaticales o tipológicas.[6]

Extensión y variantes

La lengua ibera, en sus diferentes variantes, se hablaba en la amplia franja costera que se extiende desde el sur del Languedoc-Rosellón hasta Alicante, y penetraba hacia el interior por el valle del Ebro, el valle del Júcar, el valle del Segura y el alto valle del Guadalquivir hasta el río Guadiana como límite noroeste. Las inscripciones en lengua íbera aparecen sobre materiales muy variados: monedas de plata y bronce, láminas de plomo, cerámicas áticas, cerámicas de barniz negro A y B, cerámicas pintadas, dolías, ánforas, fusayolas, estelas, placas de piedra, mosaicos, etc. Es, con diferencia, la lengua paleohispánica con más documentos escritos encontrados, unos dos millares de inscripciones, que representan el 95 % del total.

Escrituras

Las escrituras ibéricas en el contexto de las escrituras paleohispánicas.
Reproducción del plomo de Ullastret, finales del siglo IV a. C.

La escritura ibérica constituye uno de los principales testimonios del desarrollo cultural con personalidad propia de los iberos. Se conocen tres tipos de escrituras paleohispánicas: la escritura del suroeste, la meridional y la ibérica levantina. Además se escribió lengua ibérica con alfabeto jónico, prácticamente solo en territorio contestano, como lo testimonian algunos plomos encontrados en la Serreta de Alcoy, grafitos sobre cerámica procedentes de la Isleta de Campello (ambos en Alicante) y el plomo de El Cigarralejo (Mula, Murcia). La escritura ibérico-levantina es la mejor conocida, y fue descifrada en la década de 1920 por Manuel Gómez-Moreno.

Sin embargo, hasta la fecha, no ha sido posible su traducción, por lo que no es posible entender lo que dicen los textos. Es una escritura de tipo mixto, silábica y alfabética, que posiblemente procede de una escritura más antigua de origen fenicio o chipriota. El descubrimiento de grafitos en cerámica procedentes de yacimientos tartésicos como el Cabezo de San Pedro, en Huelva, con una cronología entre mediados del siglo IX y mediados del siglo VIII a. C., sugieren que la adopción de la escritura meridional y del SO se produjo de forma temprana, lo que explicaría la introducción de formas arcaicas del alfabeto fenicio, utilizadas con anterioridad al siglo VIII a. C. Este alfabeto sería adaptado a la lengua tartésica, con la introducción de signos silábicos, dando origen al primitivo signatario paleohispánico y que será el origen de la escritura del SO utilizada en las estelas tartésicas. La escritura meridional se utilizó en la Alta Andalucía y en el sureste, incluida la Contestania, persistiendo hasta época romana temprana.

Esta escritura fue posteriormente adaptada a la lengua ibérica posiblemente en el territorio de la Contestania dando origen a la ibero-levantina (que se escribe de izquierda a derecha, al contrario que la meridional), conviviendo con la escritura meridional y la ibero-jónica, y desde allí se extendió al resto del territorio ibérico. El hecho de que en Contestania se documente la utilización de tres formas de escribir la lengua ibérica (escritura meridional, levantina e ibero-jónica), sugiere a algunos autores (J. de Hoz, ver referencias) que sería en este territorio donde se produjo la aparición de la escritura ibérica levantina a partir de la meridional.

Los procesos de intercambio comercial facilitaron la extensión de la escritura levantina por el arco mediterráneo y el valle del Ebro (junto a otras manifestaciones culturales como la cerámica ibérica), donde fue utilizada para escribir celtíbero en el siglo I a. C. (ejem., bronces de Botorrita procedentes de Contrebia Belaisca y alfabeto monetal), y cuando prácticamente ya no se utilizaba en su lugar de origen. En la Contestania y en la Edetania encontramos textos escritos en plomo (La Serreta, La Bastida de las Alcusas, este en escritura meridional) y sobre cerámica (San Miguel de Liria), principalmente. Es posible que se utilizaran otros soportes (madera, papiro, pieles) de los que no queda testimonio. Una pregunta interesante se plantea en relación con qué estratos sociales conocían y utilizaban la escritura. Parece probable una aplicación relacionada con prácticas religiosas y comerciales. Es posible que las clases dirigentes la utilizaran como método de control de mercancías (grafitos en cerámica indicadores de origen, destino, o poseedor), sin descartar prácticas de tipo mágico relacionadas con determinados cultos, como sugiere su presencia en depósitos votivos (como en el plomo de Amarejo) y santuarios, así como en cerámica, y de tipo funerario (estelas, como la de Sinarcas).

La romanización hizo que la utilización de la escritura ibérica fuera desapareciendo de forma paralela a una progresiva latinización. En algunos lugares como Sagunto o el valle del Ebro perduró hasta época republicana, desapareciendo prácticamente su uso en torno al siglo I a. C. Una relevante excepción la constituye el fragmento de sigillata con inscripción bilingüe procedente del Tossal de Manises, depositado en el MARQ. No obstante, algunos autores sospechan que pueda tratarse de una falsificación en tanto que, si bien la pieza es antigua, la inscripción podría no serlo ya que se hunde en algunos descorchados de la pieza.

Vascoiberismo

El vascoiberismo es una hipótesis de trabajo sobre la estructura y parentesco filogenético del idioma íbero, que en su versión extrema pretendía traducir los textos en lengua íbera a través de la lengua vasca. Sin embargo, las diversas propuestas de traducciones basadas en el euskera no han resultado consistentes gramaticalmente, ni permiten traducir las inscripciones. Una de las principales críticas a los «traductores» vascoiberistas es que el ibérico interpretado a la luz de sus traducciones no parece tener una gramática regular reconocible, existiendo solo similitudes de forma con el léxico del vasco. Hoy en día esta visión identificativa extrema no cuenta con respaldo académico, ya que es absurdo tratar de traducir una lengua de hace dos mil años con una lengua actual descendiente de una lengua antigua, aunque fuera muy próxima a la anterior.

Sin llegar a la identificación plena entre lenguas, muchos estudiosos de la lengua íbera reconocen ciertas afinidades entre la lengua íbera y la lengua vasca, o más correctamente, con su variante más antigua, la lengua aquitana, hasta el punto que para algunos estas afinidades ya serían suficientes para afirmar que pertenecen a la misma familia. Estas afinidades, sin embargo, son interpretadas por muchos autores, sobre todo seguidores de Mitxelena, como una influencia de tipo sprachbund más que como una muestra de parentesco filogenético real.

El protovasco o el aquitano y el íbero podrían ser lenguas con cierto parentesco lingüístico. Se puede apreciar en inscripciones íbericas, en el protovasco reconstruido y en el euskera actual, una serie de elementos comunes.

  • Comparten las cinco vocales a, e, i, o, u (que el español ha heredado), aunque estas vocales se hallan en otras lenguas de Eurasia.
  • Usan la consonante vibrante múltiple alveolar sonora, r (que hereda el castellano), aunque este fonema se halla en muchas otras lenguas de Eurasia.
  • Ausencia en íbero y en vasco de vibrante simple o múltiple alveolar inicial. Lo mismo se aprecia en otras lenguas de Eurasia, especialmente en la altaico-túrquicas.
  • Ausencia de consonante tras s inicial (heredado por el castellano). Lo mismo se aprecia en otras lenguas de Eurasia, especialmente en la altaico-túrquicas.
  • Ausencia de grupos de más de dos consonantes. Lo mismo se aprecia en otras lenguas de Eurasia, especialmente en la altaico-túrquicas.
  • Presencia de prefijo e-. Lo mismo se aprecia en otras lenguas de Eurasia.
  • Presencia de sufijos -k, -ik(i). Lo mismo se aprecia en otras lenguas de Eurasia, especialmente en la altaico-túrquicas.
  • La raíz de la mayoría de las palabras es bisílaba. Lo mismo se aprecia en otras lenguas de Eurasia.

Se ha propuesto que podrían compartir ciertos sufijos con un mismo uso.

  • -ku: ablativo en íbero, relacionado con genitivo -ko en vasco. Lo mismo se aprecia en otras lenguas de Eurasia.
  • -en: genitivo/posesivo. Lo mismo se aprecia en otras lenguas de Eurasia, especialmente en la altaico-túrquicas.
  • -k: idéntico uso como marcador plural en vasco o íbero. Lo mismo se aprecia en otras lenguas de Eurasia, especialmente en la altaico-túrquicas.

Se ha propuesto (pero no demostrado aún) que quizá compartan cierto léxico.

Ibero vasco Traducción
il/ili/ilti hiri 'ciudad'
ekiar egin 'hacer'
salir sari 'moneda' (valor, precio)
erder/erdi erdi 'mitad'
ar's ertsi 'recinto cerrado' (¿fortaleza en ibero?)
gara gara 'altura'
ildu ildu 'surco'
kidei kide 'compañero' (usado a veces como sufijo)

Se ha propuesto (pero no demostrado aún) coincidencias entre numerales ibéricos y vascos. Sin embargo, ninguno de los dados ibéricos hallados hasta la fecha con signos (acrófonos) en cada una de las seis cara confirman estas propuestas vascoiberistas (quizá solo dos de los numerales), pero sí presentan una coincidencia total (para los seis números) con numerales altaicos.

Ibero vasco Traducción
ban bat 'uno'
bi/bin bi (antiguo biga) 'dos'
irur hiru 'tres'
laur lau 'cuatro'
borste bost 'cinco'
śei sei 'seis'
sisbi zazpi 'siete'
sorse zortzi 'ocho'
abaŕ hamar 'diez'
oŕkei hogei 'veinte'

Se ha propuesto (pero no demostrado aún) coincidencias en el sistema para construir números elevados, como por ejemplo:

abaŕ-ke-bi --- hama.bi 'doce' (10+2) oŕkei-(a)baŕ-ban -- hogei.ta.(ha)maika treinta y uno (20+11)

Influencias culturales en la cultura íbera

El origen del sustrato cultural local que ejerció influencia en los iberos se remonta, cuando menos, al primer Neolítico mediterráneo: la cultura agro-pescadora de la cerámica impreso-cardial, que se extendió desde el Adriático hacia occidente, influyendo intensamente en los aborígenes paleolíticos y asimilando toda las regiones costeras del Mediterráneo occidental en el V milenio a. C.

Hacia el 2600 a. C. se desarrolla en Andalucía oriental la civilización calcolítica, que se aprecia en los yacimientos de Los Millares (Almería) y Marroquíes Bajos (Jaén), estrechamente relacionados con la cultura portuguesa de Vila Nova y quizás (no probado) con alguna cultura del Mediterráneo oriental (Chipre).

Hacia 1800 a. C., esta cultura se ve sustituida por la de El Argar (bronce), que se desarrolla independientemente y parece estar muy influida en su fase B (desde 1500 a. C.) por las culturas egeas contemporáneas (enterramientos en pithoi).

Hacia 1300 a. C., coincidiendo con la invasión del noroeste peninsular por los celtas, El Argar, que bien pudo haber sido un estado centralizado, da paso a una cultura «post-argárica», de villas fortificadas independientes, en su mismo ámbito. Tras la fundación de Marsella por los focenses (hacia 600 a. C.), los iberos reconquistan el noreste a los celtas, permitiendo la creación de nuevos establecimientos griegos al sur de los Pirineos.

A las comunidades establecidas al final de la edad del bronce se las considera sustrato indígena al hablar de la cultura íbera. Básicamente hay cuatro focos: El Argar, la cultura del Bronce Manchego, la del Bronce Valenciano y los campos de urnas del Noreste.

Relaciones con otros pueblos

El área de cultura predominantemente ibérica abarcaba todo el litoral mediterráneo, desde la actual Andalucía hasta el sur francés, incluyendo parte del valle del Ebro. Experimentarán influencias fenicias y, posteriormente, griegas a través de los contactos con las colonias que fueron estableciendo en zonas estratégicas de la costa mediterránea y el sur atlántico de la península.

Pueblos peninsulares no ibéricos

Gran parte del occidente, norte y centro peninsular pertenece a una cultura no ibérica, de pueblos asentados en época paleolítica y mesolítica; desde el siglo VIII a. C. se añadirán grandes contingentes de inmigrantes celtas que, paulatinamente, se asentarán en la meseta y en las zonas costeras atlánticas. Serán influenciados por las culturas fenicia y griega, indirectamente, a través de sus relaciones con los pueblos íberos.[7]

Fenicios

La antigua Iberia fue objeto de los intereses comerciales de los fenicios, pueblo de tradición marinera que, según los historiadores clásicos, hacia el siglo IX a. C.[8]​ fundó su primera colonia ultramarina en el Atlántico, al otro extremo del Mediterráneo, Gádir

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